El grito contenido de Alexis Puig

Por: Virginia Alberdi Benítez

No todas nacieron ángeles, 130 x 150 cm, acrílico sobre lienzo, año 2008
No todas nacieron ángeles, 130 x 150 cm, acrílico sobre lienzo, año 2008

Los pintores tardíos, cuando tienen probado talento, queman etapas con asombrosa celeridad. Es como si en el menor tiempo posible quisieran decir todo lo que llevaban por largo tiempo guardado para sí. Ese es, en parte, el caso de Alexis Puig, un pintor autodidacta —aunque para nada ingenuo, más bien un inteligente asimilador de antiguos y modernos saberes académicos que un buen día se lanzó a fondo—, instalado en la galería del Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC en una muestra curada por Píter Ortega.

Digo en parte porque pese a las dimensiones de las obras y la reciedumbre temática que las anima, Puig no se deja arrastrar por los excesos. Su pintura no es estridente en el tono ni en la ambición temática, aunque sí rotunda. Entre rostros y máscaras, de obvia progenie expresionista, dosifica la representación de estados de ánimo y gestos que transitan de la percepción individual a la trama social.

Por momentos puede recordarnos la carga dramática de una zona de la pintura latinoamericana que tuvo en el ecuatoriano Guayasamín a un cultor de excelencia (verbigracia, El cansancio), pero en otros esa intención se halla matizada por ecos remotos del lenguaje pop (La maldad y en mayor medida, Indiferencia). Se trata de influencias sabiamente asimiladas en tanto constituyen fuentes nutricias para la configuración de una huella pictórica personal, en la cual el mérito más sobresaliente es advertido por el espectador al descubrir cómo Puig domina el arte de la representación tanto como el de la sugerencia.